¡Hola, queridos amantes de la buena mesa! ¿Hay algo más reconfortante que unas buenas croquetas caseras? Esas joyas fritas que nos transportan a la infancia, a las reuniones familiares o a esas tapas inolvidables. Hoy os traigo una receta que va a convertirse en vuestra nueva obsesión: unas Croquetas cremosas de setas y nuez moscada. Olvidad las prisas y la rutina por un momento, porque preparar estas croquetas es un acto de amor culinario que vale cada segundo. Perfectas para un aperitivo especial, una cena informal con amigos o simplemente para darte un capricho. La combinación terrosa de las setas con el toque cálido y aromático de la nuez moscada es, sencillamente, magia en cada bocado. ¿Listos para ensuciar las manos y deleitar el paladar?
Tiempo de preparación: 40 minutos (15 de cocción + 25 de formado y empanado) + 2 horas de reposo de la masa
Dificultad: Media
Raciones: Aproximadamente 25-30 croquetas (para 4-6 personas como tapa)
Ingredientes
- 200 g de setas variadas (champiñones, shiitake, ostra…) frescas o congeladas
- 1 cebolla pequeña bien picada
- 2 dientes de ajo picados finamente
- 70 g de mantequilla sin sal
- 70 g de harina de trigo (todo uso)
- 750 ml de leche entera (preferiblemente tibia)
- 1/2 cucharadita de nuez moscada rallada (o al gusto)
- Sal y pimienta negra recién molida al gusto
- Aceite de oliva virgen extra para el sofrito
- Para el rebozado:
- 2 huevos grandes batidos
- 150 g de pan rallado de buena calidad
- Para freír:
- Abundante aceite de girasol u otro aceite vegetal suave
Preparación paso a paso
- Prepara las setas: Limpia las setas y pícalas finamente. En una sartén, calienta un chorrito de aceite de oliva y sofríe la cebolla picada hasta que esté transparente, unos 5 minutos. Añade el ajo y cocina un minuto más, hasta que desprenda su aroma. Incorpora las setas picadas y cocina a fuego medio-alto hasta que hayan soltado todo su agua y estén doradas. Salpimenta al gusto. Retira del fuego y reserva.
- Prepara la bechamel: En una olla o sartén profunda a fuego medio, derrite la mantequilla. Cuando esté derretida, añade la harina de golpe y remueve vigorosamente con una cuchara de madera o unas varillas durante 2-3 minutos, hasta obtener un roux dorado y aromático. Esto es crucial para que la harina se cocine bien y no sepa a crudo.
- Incorpora la leche: Poco a poco, vierte la leche tibia sobre el roux sin dejar de remover con las varillas. Es importante añadirla en pequeñas tandas y mezclar bien para evitar la formación de grumos. Cocina a fuego medio-bajo, sin parar de remover, hasta que la bechamel espese y tenga una textura lisa y cremosa.
- Añade las setas y sazona: Una vez la bechamel esté espesa, retira del fuego y añade las setas sofritas, la nuez moscada, sal y pimienta al gusto. Mezcla bien para que todos los ingredientes se integren. Prueba y rectifica la sazón si fuera necesario.
- Enfría la masa: Vierte la masa de croquetas en una fuente o bandeja extendiéndola para que se enfríe más rápidamente. Cubre la superficie con papel film transparente, pegándolo directamente a la masa para que no se forme costra. Refrigera durante al menos 2 horas, o idealmente toda la noche, hasta que la masa esté bien fría y firme.
- Forma las croquetas: Con la ayuda de dos cucharas o tus manos (ligeramente engrasadas si la masa está un poco pegajosa), toma porciones de masa y dales forma ovalada o redonda, como prefieras.
- Reboza las croquetas: Prepara tres platos hondos: uno con el huevo batido y otro con el pan rallado. Pasa cada croqueta primero por huevo batido, asegurándote de que quede bien cubierta, y luego por el pan rallado, presionando suavemente para que se adhiera bien por todas partes. Repite con todas las croquetas.
- Fríe las croquetas: Calienta abundante aceite en una sartén profunda o freidora a fuego medio-alto (unos 170-180°C). Fríe las croquetas en pequeñas tandas para no bajar la temperatura del aceite, hasta que estén doradas uniformemente por todos sus lados.
- Escurre y sirve: Retira las croquetas con una espumadera y colócalas sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite. Sirve inmediatamente y disfruta de su cremosidad interior y su crujiente exterior.
Consejos de Nuria:
- La bechamel sin grumos: La clave es añadir la leche tibia poco a poco y remover constantemente con unas varillas. Si a pesar de todo te quedan grumos, puedes pasar la bechamel por un colador fino o darle un toque con la batidora de mano antes de añadir las setas.
- Variantes deliciosas: Anímate a probar con diferentes tipos de setas (porcini, boletus, trufa rallada) o incluso añadir un toque de queso curado rallado a la masa, como parmesano o un buen queso de oveja. Unos taquitos de jamón serrano bien picaditos también le irían de maravilla.
- Croquetas perfectas: Para que no se abran al freír, es fundamental que la masa esté muy fría y firme, y que el rebozado sea impecable, sin ninguna grieta por donde pueda escapar la masa.
- Congelación: Si quieres tener croquetas listas para cualquier momento, puedes congelarlas una vez que las hayas rebozado. Colócalas en una bandeja separadas para que no se peguen y, una vez congeladas, guárdalas en una bolsa hermética. Fríelas directamente desde el congelador en aceite no demasiado caliente para que se hagan por dentro.
- Acompañamiento ideal: Estas croquetas son tan ricas que no necesitan mucho, pero una sencilla ensalada de brotes verdes con vinagreta de Módena o una salsa de yogur con hierbas frescas pueden ser el contrapunto perfecto.
¡Y voilà! Con estos pasos y algunos trucos, tenéis en vuestras manos unas croquetas de setas y nuez moscada que harán las delicias de todos. Esas croquetas que crujen por fuera y se funden en la boca, dejando un sabor inolvidable. No dudéis en preparar una buena tanda, ¡porque volarán! Espero que os animéis a probar esta receta y me contéis vuestra experiencia en los comentarios. ¿Tenéis alguna variante favorita? ¿O quizás una sugerencia para una próxima receta? ¡Me encantaría leeros!
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