¡Hola, amantes de la buena mesa! ¿Quién no disfruta de un plato que, con poco esfuerzo, consigue un resultado espectacular? Hoy os traigo una de esas recetas que siempre triunfa y y que me salva en mil ocasiones: un delicioso Solomillo de cerdo con glaseado de miel y mostaza. Es la opción perfecta para esos días en que queremos darnos un capricho sin complicarnos demasiado en la cocina, ideal tanto para una cena entre semana como para impresionar en una comida especial de fin de semana. La combinación dulce y picante de la miel y la mostaza crea una costra caramelizada irresistible que eleva este corte de carne a otro nivel. ¡Preparad vuestros delantales porque os aseguro que vais a querer repetir!
Tiempo de preparación: 25 minutos (+ 30 minutos de marinado)
Dificultad: Fácil
Raciones: Para 4 personas
Ingredientes
- 1 solomillo de cerdo (aprox. 500-600g)
- 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
- Sal y pimienta negra recién molida al gusto
Para el glaseado:
- 3 cucharadas de miel
- 2 cucharadas de mostaza Dijon (o la que prefieras, la de grano grueso también funciona genial)
- 1 cucharada de vinagre de manzana (o vinagre de Jerez)
- 2 dientes de ajo picados finamente
- 1/2 cucharadita de tomillo seco (o una ramita de tomillo fresco)
- Un chorrito de agua o caldo de pollo (aprox. 2-3 cucharadas)
Preparación paso a paso
- Prepara el solomillo: Retira cualquier exceso de grasa o telillas blancas del solomillo. Sazona generosamente con sal y pimienta negra por todos sus lados. Si tienes tiempo, te recomiendo un marinado previo de al menos 30 minutos (o incluso toda la noche en la nevera) con un poco de aceite de oliva, ajo picado y tomillo.
- Sella la carne: En una sartén grande apta para horno (o que puedas pasar a una fuente), calienta el aceite de oliva a fuego medio-alto. Cuando esté bien caliente, sella el solomillo por todos sus lados hasta que esté dorado y tenga una costra bonita. Esto suele tardar unos 2-3 minutos por cada lado. Retira el solomillo de la sartén y resérvalo.
- Prepara el glaseado: En la misma sartén (sin limpiar, los jugos son sabor), baja el fuego a medio. Añade la miel, la mostaza Dijon, el vinagre de manzana y el ajo picado. Remueve bien y cocina durante 1-2 minutos hasta que la mezcla empiece a burbujear ligeramente y el ajo suelte su aroma. Si la salsa está muy espesa, añade el chorrito de agua o caldo para aligerarla un poco.
- Glasea y hornea: Vuelve a colocar el solomillo en la sartén con el glaseado. Con una cuchara, baña la carne con la salsa. Lleva la sartén al horno precalentado a 200°C (400°F) y hornea durante 15-20 minutos, o hasta que el solomillo alcance el punto de cocción deseado (la temperatura interna debería ser de 63-65°C para un punto medio-rosado). Durante la cocción, puedes ir bañando la carne con el glaseado cada pocos minutos para que se caramelice bien.
- Deja reposar y sirve: Una vez cocido, retira el solomillo del horno y de la sartén. Cúbrelo con papel de aluminio y déjalo reposar sobre una tabla de cortar durante al menos 5-10 minutos antes de cortarlo. Este paso es crucial para que los jugos se redistribuyan y la carne quede tierna y jugosa.
- Corta y emplata: Corta el solomillo en medallones de un centímetro de grosor. Rocía los medallones con el glaseado restante de la sartén y sirve inmediatamente con tus guarniciones favoritas.
Consejos de Nuria:
- El marinado es tu amigo: Aunque la receta dice 30 minutos, si puedes dejar el solomillo marinando en la nevera durante varias horas o incluso toda la noche, el sabor y la jugosidad se multiplicarán.
- No te saltes el reposo: Este paso es fundamental. Si cortas la carne inmediatamente después de cocinarla, los jugos se escaparán y la carne quedará seca. La paciencia aquí tiene su recompensa.
- Variaciones de mostaza: ¿Te atreves? Prueba con mostaza antigua (de grano) para una textura extra y un sabor más rústico, o con una mostaza más picante si te gusta el contraste.
- Guarniciones que enamoran: Este solomillo marida a la perfección con un puré de patatas cremoso, unas patatas asadas con hierbas, espárragos trigueros al vapor o salteados, o incluso una ensalada fresca para equilibrar los sabores.
- Un toque extra de sabor: Antes de llevar al horno, puedes añadir unas ramitas de romero fresco o un poco de naranja rallada al glaseado para un aroma más complejo y cítrico.
¡Y ahí lo tenéis! Un plato digno de cualquier celebración pero lo suficientemente sencillo como para disfrutarlo un martes cualquiera. El Solomillo de cerdo con glaseado de miel y mostaza es una demostración de que con ingredientes simples y un buen manejo, podemos crear magia en la cocina. Espero de corazón que os animéis a prepararlo en casa y que me contéis qué tal os ha parecido. ¿Os ha gustado? ¿Lo habéis adaptado? Dejadme vuestros comentarios o, si tenéis alguna otra sugerencia para futuras recetas, ¡no dudéis en pedirla a través del formulario de contacto! ¡Hasta la próxima, cocinillas!
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